EL GRAN HERMANO TE VIGILA. INGSOC. La Policía del Pensamiento. Con estas premisas comienza el primer capítulo, dando a entender cómo todo estaba asegurado para un pensamiento lineal, plano y consecuente al régimen establecido. Cualquier susurro que alguien produjera era captado por una telepantalla, la cual, conectada directamente con la base principal del gobierno autoritario, permitía establecer todo tipo de control sin paliativos respecto a sus ciudadanos automatizados y funcionales de una Londres desconocida para el protagonista. El Ministerio de la Verdad, inmenso y blanco sobre el sombrío panorama, no hacía otra cosa más que manipular a su antojo la información que posteriormente se cedía a dichos seres vivos, que no forzosamente humanos. Incluso se hallaba impuesto una lengua nueva y común: la neolengua. Como no cabe duda, el partido, con sus tres claras consignas de mando: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA; idealizaba todo bajo su mandato, de modo que nada escapara de su periferia autoritaria: existía el Ministerio de la Verdad, que se dedicaba a las noticias, a los espectáculos, la educación y las bellas artes; el Ministerio de la Paz, para los asuntos de guerra, el Ministerio del Amor, encargado de mantener la ley y el orden, y el Ministerio de la Abundancia, al que correspondían los asuntos económicos.
¿Qué podía escapar a la supervisión del partido? ¿Qué tipo de comunicación existía entre los ciudadanos? ¿De qué tipo era la información que se prestaba al conocimiento global? Obviamente, lo primero que cabría pensar es que se trata de un régimen autoritario firme y establecido sin ningún tipo de fisuras ni críticas, pero de lo que realmente trata la función principal de este partido en esa hipotética Londres, es de una ciudad sin ningún tipo de pensamiento por parte de la sociedad existente; de tal manera que nada se cuestiona, nada se pone en duda, nada es verdad. Sin embargo, algo en el protagonista le hace plantearse, que no es poco, la veracidad de lo que vive, de lo que le imponen, apoyándose en la creencia de una organización secreta que pone en tela de juicio a lo establecido: la Hermandad. Por el contrario, en su razonamiento cada vez más amplio, también reside la idea de que tan solo sea un mito y/o una ilusión.
«El que controla el pasado -decía el slogan del Partido-, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado.» De tal manera que, si hay algo que no convenga, no se adecue a la realidad o, simplemente, no guste; se revisa, se modifica y se establece como real, como algo verdadero e intuitivo. Como el libro refleja, todo es manipulable a vistas de una información que corresponda con las anteriores reflexiones otorgadas por el partido; todo lo referente a la comunicación, prensa y/o difusión de datos, estadísticas, hechos… todo ello es perfectamente manejable, modificable y deformable a efectos de la existencia placentera y difusa reinante.
El sentimiento de libertad es escaso, inexistente, efímero. Pero donde realmente prevalece lo sorprendente es en cómo los afectados por tales imposiciones las ven como naturales, como algo sencillo, normal y corriente; produciendo en el protagonista de esta historia controversias morales acerca de si realmente existe una capacidad de pensamiento y reflexión mínima en dichos individuos (como se vislumbra en el capitulo VI de la primera parte mediante el hecho de que nadie pone en duda los datos numéricos ni posee una memoria para recordar lo pasado recientemente en cuanto a dichos datos y sucesos de meses anteriores se refiere).
La única información escrita que existe en esa sociedad es la manipulada por el partido, que se cede inicialmente a los niños pequeños para su formación, estableciendo que antes de que el partido y el Gran Hermano tomaran las riendas de Londres, esta era un auténtico caos. De tal manera, y debido en gran parte a la falta de reflexión y critica, todo el mundo se autoimpone como buena la realidad presente y de la cual ellos forman parte de una manera totalmente impuesta, rígida y puntual.
Incluso se controla, como modo de coacción, las relaciones sexuales que se mantienen o se deberían mantener; cortando de esta manera la comunicación que quizás reporte mas felicidad al ser humano: la de la culminación del amor. El libro expone como a las chicas de 16 años se les inculca el acto sexual como algo obligatorio una vez a la semana para perpetuar la especie, extrayendo todo sentimiento y/o placer. Aparte, y como forma de prolongar su omnipresencia, se anima al casamiento y se exhorta el cariño hacia la familia y a los hijos, siendo estos los responsables de delatar a sus progenitores ante el partido.
Utilizar la tortura con el propósito de confesar y admitir tus pecados es una utilidad empleada actualmente y que posee variantes que no van más allá del sufrimiento físico. Pero la tortura como modo de lavado de cerebro, de imposición de unos ideales y de unos hechos totalmente ficticios y carentes de argumentos; esa tortura es la que se establece como tortura psicológica, pues en el libro se relata cómo a través de ciertos castigos físicos y de varias sesiones fundadas en la conversaciones y el intercambio de opiniones, de esa manera se produce la comunicación que el partido desea, se inculcan los estudios que son más convenientes y se elimina de raíz cualquier pensamiento del pasado, pues el presente es lo que prevalece sobre el pasado, siendo este concepto algo irreal, algo no palpable.
¿El poder como salvación para la multitud o el poder como regocijo de unos pocos? La controversia moral se la plantea el protagonista en clave de respuesta para su posterior salvación de un castigo doloroso o para su continuo ardor físico y mental. Lo natural seria pensar o llegar a la conclusión de que la ideología del partido era gobernar para el bien común, para que los más desfavorecidos no fueran simple caldo de cultivo y mano de obra; ahora bien, el poder por el poder, el afán de poseerlo todo, de controlar todo, de ser el todo; es lo que mueve a esta ideología y grupo de fanáticos dispuestos a lo que sea porque su integridad y su imagen pública quede siempre como la deseada, la necesaria y la única.
Y aun a sabiendas que 2+2 son 4, si las órdenes imperantes establecen que son 5, la multitud, la prole, la totalidad se encomienda al establecido, a lo impuesto, llegando con ello a traicionar sus propios ideales (siempre y cuando los tengan) y terminando por ceder a esa postura totalitaria y demoledora. Al fin y al cabo, quien no amase al Gran Hermano no existía, pues era parte del pasado, y el Gran Hermano al controlar el presente controla el pasado, borrando toda prueba de su existencia pasada, borrando toda prueba de algo pasado que ni siquiera se han molestado en establecer como presente, presente efímero y desgastado.