- 1. TEMA
1.1. Interés y novedad del tema
La Segunda Guerra Mundial. Uno de los acontecimientos más relevantes en nuestra historia y uno de los temas más recurrentes a la hora de la realización cinematográfica con tintes bélicos. Quizá encontremos una razón de ello por la relación que existe entre la mayor industria audiovisual del mundo (Hollywood) y el país que terminó ganando dicha guerra (Estados Unidos). Bien es cierto que en el mencionado país el espíritu de patriotismo y de fidelidad a una bandera es tan palpable como presente, atribuyendo a tal razón el que gran parte del montaje cinematográfico estadounidenses recurra a la Segunda Guerra Mundial. Y existiendo tal variedad de películas comunes en cuanto a su tipología, prevalece la opción de crítica acorde a semejantes hechos. ¿O no?
Si se observa la producción norteamericana en la última década, se vislumbra cómo se han realizado, publicado y comercializado varias películas que retratan distintas tipologías y actitudes (que no aptitudes) de los marines del ejército de los Estados Unidos de América, todo ello debido a la situación reinante de intervencionismo que llevan a cabo en países de Oriente Medio. Películas como Jarhead, Black Hawk Down, Tres Reyes, Green Zone, The Hurt Locker… relatan y plasman la vida de los soldados, los temores de los soldados, la incapacidad de los soldados. Sí cabe destacar que en el catálogo de películas expuesto existen diferentes versiones o visiones de lo que se denomina a un conflicto bélico como guerra; pero, no obstante, todas las visiones radican en un patriotismo tal que no se establece como natural ni real la perspectiva del bando contrario, la otra cara de la guerra. Quizá la postura de los iraquíes no venda en exceso en Hollywood…
Aún así, existen antecedentes o prerrogativas instituidas para tal mención que claudican en un doble fondo de sentido y de intuición, como se da en Hermanos de Sangre (serie de 10 capítulos que narra lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial por parte del bando norteamericano en las maniobras realizadas en Europa) y en la actual The Pacific (serie de 10 capítulos que narra lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial por parte del bando norteamericano en las maniobras cosechadas en el Pacífico). Y como he mencionado, radicando ahí el verdadero interés del visionado de Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, nada procedente de Norteamérica plasma la visión del bando japonés, excepto lo anterior. Terror y pena, asco y repulsión; la guerra que un día, contrastó a una nación.
Cartas desde Iwo Jima, desde el punto de vista japonés, se centra en la resistencia nipona, organizada a través de túneles gracias a la estrategia del general Tadamichi Kuribayashi (Ken Watanabe).
En este film Clint Eastwood retrata la visión japonesa del ataque a Iwo Jima, a partir de las cartas que escribieron varios solados nipones desenterradas años después. Narra de una forma poética el paraje humanitario de la ofensiva, combinando con elegancia las turbes y emociones de los solados.
Las reacciones de los oficiales y los soldados cara a la táctica preparada por el Comandante trazan no únicamente el carácter de cada uno, sino que brindan una representación de la cultura nipona y de los valores sobre los que ésta se mantiene. Las decisiones de muchos de los personajes se ven afectadas por estos valores inculcados, pero se muestra también que ante lo dramático de la situación algunos se plantean el devenir de sus actos y el sentido de su existencia.
Sin embargo, no hay que olvidar que es una película realizada por un norteamericano y enfocada para que la visionen sus conciudadanos y después el resto del mundo. No es enteramente un enfoque japonés.
1.2. Significados implícitos y explícitos
Banderas de nuestros padres no es una película bélica al uso. Aunque incluye escenas que plasman un acontecimiento central de la Segunda Guerra Mundial, la finalidad del director Clint Eastwood fue crear un tributo a vetustos representantes norteamericanos; a la vez que inspecciona los eventos que rodearon a los supuestos héroes de Iwo Jima, soldados honrados por la imagen en la cual izan la bandera norteamericana en dicha isla japonesa.
La visión contempla un rastro devastador de la masacre belicosa, el grito de enfermero corta sus pensamientos. Ir hacia una voz o hacia la otra, salvar a uno o salvar a otro, morir o dejar morir. La impotencia es clarividente, su hazaña consistía en curar, no en aniquilar. Enfermero… Y en el ocaso de la vida, ese grito retumba en su cabeza, no le deja dormir, le obsesiona.
Con la imagen adecuada puedes ganar o perder una guerra. No tiene sentido ser un héroe si no lo pareces.
Curiosamente el enfermero es el que más se juega la vida al tener que recorrer el campo de batalla para poder sanar a los heridos. E incluso mata, para poder dar vida: paradojas bélicas. Uno agoniza, el otro yace muerto; la separación reinante, escasos centímetros. La figura del enfermero es crucial a lo largo de la narración. Así se plasma cuando el jefe de pelotón le recomienda a uno que trate de evitar que se le pueda ver el maletín porque existen francotiradores cuya misión es dispararles, pues si se mata a un enfermero mueren doce soldados más por falta de recursos.
Y aunque digan que nunca los dejarán atrás, el grito de hombre al agua es sinónimo de una cifra más de fallecidos. La correspondiente carta a sus familiares de que murió por su patria será, indudablemente, sellada y tramitada. Cuando se les promete que volverá con su madre, se miente a la mitad, el deber es no mentir a la otra mitad. Se les pone música para tratar de aliviarlos, de hacerles sentir próximos a su territorio, mas cuando se emite el mensaje de una señorita que les exhorta para que se acuerden de sus familiares y de su novia, a modo de incitación para el día venidero, no hace otra cosa más que paralizarlos y reflexionar sobre por qué están ahí, sobre si volverán a casa.
La secuencia de la recreación del izado en el campo de beisbol retrata el sinsentido. A la vuelta todo el mundo les trata bien. Les dan las octavillas para que la gente compre bonos de estado. Se les trata como mercancía comercial con el único fin de conseguir dinero para la guerra. En el discurso en la quinta avenida de New York, ante la mirada del monumento de la fotografía, John 'Doc' Bradley (un sanitario de la Marina), Ira Hayes (un tímido nativo americano), y Rene Gagnon (un soldado mensajero que evitó disparar su arma); son presentados como los héroes de Iwo Jima. Tras clamar por la compra de bonos para que los refuerzos militares y los recursos armamentísticos no se vean diezmados, Rene Gagnon clama que ellos no son héroes, que sólo izaron una bandera y que fueron varios los que salen en la fotografía porque la bandera pesaba demasiado. Los verdaderos héroes son los que murieron en la isla.
La fotografía, el monumento… la fresa deslizándose por el helado que reconfiguraba la imagen significa lo vivido, la sangre derramada, la mentira de la que son partícipes. La secuencia siguiente a dicha imagen es la del campo de batalla lleno de heridos, muertos, soldados exhaustos, sueños rotos, maquinaria pesada destrozada, recuerdos anhelados, sufrimiento y crueldad. Cuando los tres “héroes” hablan con las madres de los fallecidos se palpa como llegan a sentirse inútiles, impostores, usurpadores. Incluso uno de ellos, Ira Hayes, el más resignado con la situación y el más asqueado por ello, se refugia en la bebida como modo de salvación, como método de aislación.
En Cartas desde Iwo Jima lass regresiones al pasado de Tadamichi recuerda ncómo estrechó la mano y se sentó a la mesa de los mismos comandantes americanos que ahora están destruyendo a sus hombres. Sus cordiales relaciones con los americanos y la crudeza de la realidad actual suponen un conflicto interno para el personaje, que arrastra hasta el final. Una pistola que los americanos le regalan en aquel encuentro y que él lleva siempre encima se convierte en un símbolo de ironía.
En la película apreciamos la verborragia japonesa en relación al honor de pertenecer a una nación con vocación imperial, vemos los suicidios de estos kamikazes morales que prefieren la aniquilación antes que la captura, y escuchamos las ordenes de los oficiales para con sus subordinados, eso de que “ni se les ocurra volver”. ¿Que es lo que implica todo esto? La muerte es una imposición que se presenta como incuestionable, es el único regreso posible para los soldados, el único camino que los devolverá a su familia y amigos. Sin detenerse más de lo necesario en la madre patria ni en continuos enfrentamientos con el bando opuesto aporta dosis de escaramuzas y recuerdos de un pasado irrecuperable.
1.3. Impacto en el espectador
Con la economía al borde de la bancarrota, el gobierno de los Estados Unidos decidió aprovechar la famosa imagen para vender bonos de guerra y financiar la continuación del conflicto, de modo que los sencillos soldados que aparecen (o no) en la foto se convirtieron rápidamente en títeres del sistema y héroes involuntarios que no sólo resentían la atención que generaban (y que no creían merecer), sino que consideraban al aparato propagandístico como un ejercicio de mal gusto que manchaba la memoria de los demás soldados que participaron en esa célebre batalla. Así, se muestra la indecisión de los personajes entre cumplir su deber patriótico y traicionar el honor de los caídos.
Banderas de nuestros padres se abstiene de tomar posiciones ideológicas, prefiriendo centrarse en las personas y no en sus posturas políticas. Aunque podrían asignar papeles de héroes y villanos, la dualidad moral de las circunstancias resalta, y el espectador saca sus conclusiones. Muestra con imparcial claridad un pasaje simultáneamente doloroso y triunfal de la Segunda Guerra Mundial.
1.4. Argumentos que se aportan
Hay muchos imbéciles que se creen que saben lo que es la guerra, sobre todo aquellos que no han estado en una. Buenos y malos, héroes y villanos, de eso siempre hay. Muchos de los que allí estuvieron nunca hablan de lo ocurrido, quizás porque intentan olvidarlo. Desde luego, no se consideran unos héroes. Se decía que murieron por su patria, pero no se sabe si fue realmente así. Y es que hay que dar un sentido a la guerra utilizando bellas palabras.
Todos los que vieron aquella foto pensaron que levantar la bandera era sinónimo de victoria. Es lo único que les interesaba: la victoria. A las pocas semanas de sacar esa foto, la mitad de los que salían en ella ya estaban muertos. Pero de alguna manera formar parte de aquello significaba algo. Al ver la foto podías creer que su sacrificio no había sido en balde.
Nadie se dio cuenta de que ponían una segunda bandera. Todo el mundo vio la maldita foto y se inventó su propia historia, sabían lo que habían hecho y lo que no habían hecho. Con todos tus amigos muriendo es difícil aceptar que te llamen héroe por salvarle la vida a alguien, pero por levantar un palo…
La gente vio aquella foto y creyó que se había derrotado a los japoneses. Ojalá. Estaban acorralados: morteros, cañones, ametralladoras. Les disparaban desde todas direcciones y se oía a alguien gritar: enfermero herido… Le chorreaba sangre del cuello y se hacía todo lo que podía. El enfermero sabía lo que eso significaba: un tiro en el cuello. Sabe que se muere, está claro. Pero aún así, con su mirada suplica que le salven la vida. Pero no se puede. Los veteranos que cuentan que les hirieron pero que no quisieron dejar a sus compañeros, suelen ser unos mentirosos. Aprovechan cualquier excusa para salir de allí, pero a veces pasa. Se tiene la sensación de que se falla. Ya estaban hartos, pero no querían dejarlos.
Tal vez los héroes no existen. Los héroes son algo que creamos, algo que necesitamos, es nuestra forma de comprender lo que resulta casi incomprensible. ¿Cómo puede alguien sacrificarse tanto por los demás? Pero para aquellos hombres, los riesgos que asumieron, las heridas que sufrieron, fueron por sus compañeros. Quizás lucharan por su patria, pero murieron por sus amigos, por aquellos que estaban allí, luchando a su lado. Y si de verdad se quiere honrar a aquellos hombres, se tendría que recordarlos tal y como eran en realidad.
Mucho menos discursiva que su antecesora, Cartas desde Iwo Jima es más oscura, reflexiva e indirecta. Desarrolla un análisis de la manipulación psicológica que remite tanto a la vida interna de los personajes como a la influencia propagandística externa, ya sea del gobierno central y/ o de los medios masivos de comunicación. En esto juega un papel primordial la concepción japonesa del honor y los destructivos mecanismos para salvaguardarlo frente a la mínima posibilidad de una derrota ante el enemigo.
- 2. ESTRUCTURA NARRATIVA
2.1. Forma de exponer el tema
La película de Banderas de nuestros padres comienza con el despertar de un soldado, ya en edad de vejez, tras recordar el campo de batalla que vislumbró en su estancia en la Segunda Guerra Mundial.
La estructura narrativa, los saltos de tiempo y espacio, el deseo de hacer cine documental debido a las fotografías reales de la toma de Iwo Jima, el parecido de los actores con los soldados de verdad que interpretan, el mimo de la puesta en escena, desde el color de la tierra a los detalles de vendas, correajes; hacen que la crítica sobre ella sea más elevada y la película resulte mucho más real. El guión intenta hacer un homenaje a los seis soldados que levantaron la bandera las dos veces, y sólo lo realiza con tres de ellos, los supervivientes, para al final mostrar interés por la figura del soldado indio Ira Hayes.
Eastwood no escatima escenas de dureza, pero no en el campo de batalla, sino en las escenas de vida cotidiana: la familia del verdadero soldado que iza la bandera y es ignorado a perpetuidad en la foto y los homenajes; el encuentro con la otra madre y el llanto del indio en sus brazos; el racismo latente (en aquella época los indios ni siquiera tenían derecho a voto) y el alcohol como remedio; y, sobre todo, una vez terminada la guerra, la vuelta a la mediocridad de la vida para unos personajes que nunca fueron héroes y que tienen que sufrir en carnes la ignorancia y el alejamiento.
Como aspecto llamativamente negativo resalta que hasta bien entrado el film no sabes si el director te está hablando de la historia de la bandera, con sus héroes creados, de la batalla en sí o de las consecuencias en los EEUU de la misma. Sólo al final se sabe el porqué de lo anterior.
Cartas desde Iwo Jima se decanta por presentar un montaje más lineal. No es por ello menos discursivo en sus planteamientos antibelicistas y en la presencia siempre recurrente de la memoria de los que cayeron en la isla (esta vez desde las cartas que inútilmente se esforzaron por mandar a sus familias). Posee el fin de desarticular cualquier ideología que conduzca a perpetuar la versión manida del héroe de guerra, y a su vez redimensionar la verdadera entidad de la heroicidad, las más de las veces involuntaria y casual, del soldado.
Narra dos historias en forma paralela. Por un lado están los conflictos que se generan entre los oficiales japoneses por la designación del General Tadamichi Kuribayashi (Ken Watanabe) como comandante de la isla. Los choques se producen por las poco tradicionales decisiones logísticas del General, novedosas para la época, en lo que hace a la defensa del lugar. Específicamente, la construcción de túneles a lo largo del Monte Suribachi y la orden dirigida a sus subordinados de no autoinmolarse cuando se considere perdido o no alcanzado el objetivo bélico prefijado. Por el otro lado tenemos las penurias que deben atravesar los soldados japoneses a raíz de las enfermedades, las inclemencias del tiempo, la escasez general, sus propios superiores inmediatos y los enemigos norteamericanos. Todo esto haciendo eje en el pobre Saigo (Kazunari Ninomiya), un panadero convertido por la fuerza en soldado y obligado a abandonar a su familia. Ambos hombres se irán encontrando en diferentes ocasiones a lo largo de esta pesadilla carente de sentido llamada guerra.
2.2. Análisis y protagonismo de los actores
Ira Hayes, el soldado indio, se niega a volver a Estados Unidos, niega su participación en la fotografía famosa. Es el encargado de plasmar la repugna hacia lo popular de la hazaña, hacia el montaje de la hazaña. Lo expresa abiertamente y es el único que intenta no vivir en una mentira. Se arrepiente de ocupar ese lugar, vomita por lo que vive, reflexiona por qué están ahí, así. El trastorno que sufre se ve reflejado en la escena en la que se enfrenta a los policías totalmente borracho. En consecuencia, éste vuelve a la guerra para luchar junto a su unidad. Intentó seguir con su vida y olvidarlo todo. Pero la vida tenía otros planes para él. Acabó trabajando en campos de agricultura y siendo reclamo para los turistas. Siempre salía en las noticias. Un buen día se fue. Recorrió 2.000 km a pie y haciendo autostop desde Arizona hasta Texas.
Rene Gagnon (un soldado mensajero que evitó disparar su arma), disfrutó del momento y se sentía cómodo con la oportunidad que le brindaban. Acaparaba los focos de los periodistas y su vida era relatada con detalle por los tabloides. Se casó con su novia de antes de la guerra. Intentó aprovecharse de las ofertas que había recibido en la gira de los bonos. Pero era un héroe pasado de moda. Incluso solicitó un puesto en la comisaría local: dijeron que no estaba cualificado. Pasó toda su vida como conserje.
John 'Doc' Bradley (un sanitario de la Marina), tras ser operado regresó a Estados Unidos. Para entonces, la guerra ya había finalizado y lo primero que hizo al llegar fue pedirle matrimonio a su novia. Compró un negocio de funeraria y se dedicó a cuidar de su familia.
La última vez que se vieron todos fue en la inauguración del monumento a los marines.
En Cartas desde Iwo Jima es sugerente la historia del expolicía militar Shimizu, que como Saigo no resiste los problemas que fabrica todo conflicto bélico. Shimizu es incapaz de matar al perro y menos a un ser humano. Por su parte, el personaje del estricto teniente Ito se revela como un patético esperpento del coraje marcial, para quien si su destino es inmolarse a mayor gloria del emperador, será el mismo destino quien le rehúya y desprecie su sacrificio.
El general Kuribayashi y el barón Nishi hacen de cómplices del espectador occidental con los que poder identificar sus valores y a su vez acercarse a los conflictos propios de los personajes japoneses. Por su parte, el asustado panadero, Saigo, sirve de hilo conductor de toda la trama, con el que identificar el desarraigo que produce sobre los seres humanos toda guerra y la necesidad de vivir que alienta en quienes la padecen, y a su vez será la mano inocente que hará posible que las cartas enterradas por el tiempo y el olvido histórico sean recuperadas para que no olvidemos que tras el horror vivido sólo quedan esos fragmentos cotidianos a modo de deseos que rellenan nuestra vida.
2.3. Grado de clausura al final
El final de Banderas de nuestros padres se asemeja a tantas otras películas o series norteamericanas en las que se utilizan los tramos concluyentes para explicar la vida que tuvieron los protagonistas fuera de la guerra. El que Steven Spielberg sea un productor de la película puede explicar la similitud con Hermanos de Sangre (y supongo que en The Pacific, recién estrenada) en cuanto al final se refiere. El fondo de la cuestión se asemeja también a The Hurt Locker, donde el protagonista se da cuenta de que no vale para otra cosa más que para desactivar bombas, siendo parte importante de la humanidad y sintiéndose realizado por ello, pues es casi el único encargado de dicha tarea.
El denominador común que se vislumbra es que los soldados que han sido enrolados para la batalla no poseen estudios, ni recursos económicos (pues si no habrían permanecido en Estados Unidos), ni formación militar en la mayoría de los casos. La vuelta a casa siempre es dura, y más al ver que no posees nada, que tu vida se ve estancada en la parsimonia por la imposibilidad de encontrar trabajo, en la desesperación. Se da a entender como hay un cierto resentimiento por la guerra, una sensación de vacío sentimental y de valor humano. El sentirse renegado, inválido para llevar una vida tranquila y acorde al sueño americano; provoca que, como en el caso de Ira Hayes, la gente se refugie en la bebida, vague por la vida sin ninguna aspiración y termine olvidada por su pasado y muerta por su presente.